sábado, 10 de enero de 2015

Tacones que luce una mujer de mentiras


Carolina Escobar dice que para los travestis como ella la calle es muy difícil: “Hay gente que no nos quiere, no nos acepta y muchas veces el rechazo es horrible”.
Los travesti están por todos lados, luciendo los esbeltos trajes de mujer sexy que alguna vez tuvieron forma de hombre. Lo único que queda de su antigua identidad es la voz que, a pesar de las hormonas que usan para verse más femeninas, no logran hacer llegar al tono con el que una mujer seduce, regaña y enamora. Entrevista. 

Ellas están en por los lados de San Diego, por el Parque Bolívar, por El Colombiano, andan por el barrio de la Estación Hospital, en Bello por los lados del ferrocarril viejo, por la Estación Madera del Metro y también en Zamora. Y las que tienen la posibilidad de seguirse prostituyendo están más que todo en Italia.
Pero la de ella es una historia diferente. Dice no ser prostituta, sino una travesti “de la casa”. A ella, a la que le gritan “mamacita” en la calle, la de 21 años y a quien no le gustan para nada las sopas, tiene una larga lista de pretendientes y amores a los que atrae con el mismo encanto con el que las sirenas seducían a los marineros en la antigua Grecia.
Para esta entrevista se puso como toda una diva o como dirían ellas, “qué marica tan regia”, que significa que está muy bonita, espectacular y a lo “caché”.
Lleva puesto un jean de moda con sus característicos rotos que dejan asomar un poco de piel lampiña y bronceada, una camisa de su color favorito, fucsia, con unas letras brillantes que iluminan todo a su alrededor; extensiones que le hacen ver el cabello largo y bien peinado y unas sandalias de tacón, el símbolo de la seducción femenina, que combina además con las miradas que le echan todos los que pasan por la peluquería de Jason, su amigo, donde estamos ubicadas.
Es muy alegre y alborotada, risueña y según su madre, algo malgeniada. Es como la van a delatar estas letras hechas a la medida de la protagonista de esta historia: Carolina Escobar.
¿Por qué decidió ser travesti?
“No, eso yo no lo decidí. O sea, desde siempre he tenido como las ganas de verme como una mujer y ya lo soy prácticamente. Yo siempre quise ser mujer, en mi niñez jugaba con mis primitas y me mantenía con amiguitas y yo veía, por ejemplo, un brillo y me lo quería echar, una pestañina y me la quería untar. Pues eso fue desde siempre, como algo con lo que uno nace”.
¿A qué edad comienza su transformación de hombre a mujer?
“Yo empecé desde los 16 años con el cabello. Me lo dejé crecer y casi instintivamente aprendí a maquillarme: me pintaba las uñas, me ponía ropa de mujer, faldas, camisas de mujer y todo eso, porque como te digo eso a uno le nace”.



Esta es la peluquería de Jason, amigo de
Carolina, donde se realizó la entrevista.
¿Le parece ofensivo ser llamado travesti?
“No, para nada, eso no es una ofensa, es la realidad. Pero hay una diferencia muy grande entre ser travesti y ser transgenerista: los travesti son los que se disfrazan de mujer en cualquier momento, pero siguen teniendo, a pesar de todo, la imagen de hombre y los transgeneristas son los que viven todo el tiempo como mujeres, pero así es como nos reconocen, como travesti”.
¿Cuál fue la reacción de su familia y amigos al “salir del closet”?
“Pues no fue una reacción brusca porque fue poquito a poquito, o sea, todos me vieron crecer y me vieron transformar y me aceptaron. Mi familia siempre me apoyó a pesar de todo y mis amigos estuvieron ahí conmigo.
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Eso es más como tener el valor de enfrentarse como a uno mismo porque es que de pronto los comentarios de la familia no importan mucho, es luchar con uno mismo porque al fin y al cabo es una decisión que no tiene retroceso”.
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¿Se ha realizado cirugías o cambios estéticos?
“Sí claro, me hice la pompi con silicona y o sea, eso no fue tan grave, al otro día ya estaba caminando en la calle. Uso hormonas frecuentemente, entonces eso me ayuda a ver más femenina. Aunque me he hecho cambios físicos tengo una imagen propia, me gusta ser yo, no inspirarme en nadie más sino reconocerme por lo original, por ser yo misma sin ninguna imagen”.
¿Qué riesgos corre un travesti en la calle?
“Todos los riesgos del mundo porque hay gente que no nos quiere, que no nos acepta y muchas veces el rechazo es horrible. Con la gente normal se pelea por la falta de respeto contra uno y con las travestis de la calle siempre está esa rivalidad por la que sea más bonita. Por eso la relación con ellas es más bien falsa, como hipócrita, o sea, sonrisita va y sonrisita viene, pero juntas más no revueltas”.



Su madre afirma que Carolina nunca sale
a la calle sin estar bien arreglada.
¿Qué le dicen los hombres cuando se dan cuenta que es travesti?
“Los que se dan cuenta… pues a mí siempre me ha pasado que no se alteran ni nada, ellos siguen igual, no pasa nada.
Cuando yo salgo a rumbiar con mis amigos la que llama la atención en el grupo que ando soy yo: yo soy la que mejor me disfrazo, la que sale más bonita, la que se pone los tacones, la de cabello más largo y entro a una discoteca normal y los hombres me ven y se quedan aterrados; como quien dice, “llegó polla nueva”.
Ellos me ven y me sacan a bailar y después de que me sacan a bailar y les cuento lo que yo soy, ellos siguen con la misma actitud.
Hay unos tan atrevidos que me dicen que si tengo hijos, pero ¡por favor, yo cómo voy a poder tener hijos! Yo les cuento luego mi situación sexual y ellos siguen común y corriente, sin ningún criterio.
Claro que hay que decirlo: no es que les gusten las travestis, no, porque hay gente muy respetuosa y total le encanta compartir con todo el mundo”.


Organizaciones como Comunidad Colombia y la Red Colombiana de Personas Trans luchan por la reivindicación de la comunidad LGBT y el respeto de sus derechos.
¿A qué se dedica?
“(Risas) ¿Yo? Yo soy una niña muy juiciosa, trabajo en Internet en un video chat que se llama Livejasmin. Ahí trabaja gente de todo tipo, hombres, mujeres, de todo y pues lo que hay que hacer es como actuar, o sea, todo es una simulación.
Si me dicen, por ejemplo, que me meta un dildo [pene de plástico] obvio yo no lo voy a hacer, imagínate yo haciendo eso cada vez que me lo pidan, quedo súper maltratada. Todo es actuado y el pago pues…depende, por ejemplo, lo mínimo que uno puede ganar es como 2.000 pesos por un minuto.
Si uno quiere lo hace desde la casa y ya uno verá cómo se las arregla para la cámara y todo eso. Hay muchos clientes, hombre y mujeres que quieren ver travestis y clientes extranjeros más que todo de Italia, de Estados Unidos y de muchas partes que están buscando un rato de diversión, pero no hay contacto físico, todo es por Internet”.
¿Qué relación cree usted que hay entre prostitución y travestismo?
“Ese es el mito que dicen, pero no, mira que yo no lo veo de esa manera: primero las admiro, a las que se prostituyen las admiro mucho porque es de muchísima fuerza, es como de mucha…ay, yo no sé, es admirable; pero siempre va a estar ligado porque es el prototipo que la gente tiene de nosotras, travesti- prostituta, prostituta-travesti”.
¿De qué manera influyen las drogas en la vida de un travesti?
“Las drogas yo no te voy a decir que nunca lo he hecho porque sí las he probado, pero ninguna me llama la atención.
Yo salgo y me tomo mis tragos, pero no consumo drogas, aunque yo si tengo mis amigas que si les gusta mucho eso y aparte de que no tienen la fortuna de contar con un bonito cuerpo, un bonito rostro, las ven en la calle y decime, qué vergüenza una travesti bien sacoliada en la calle. ¡Ay no! qué pena y después que las piedras que les tiran y que porqué les tiran, las insultan y que porqué las insultan, pero es que uno no puede dar pie para todo eso”.
¿Existe algún tipo de grupo u organización que las apoye y represente?
“Sí, hay varias. Está la Corporación El Otro, Amigos Comunes y LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans). Por ejemplo, cada año se celebra la Marcha del Orgullo Gay y ahí nos reunimos todas, no como dice la gente a rumbiar, vamos es a luchar por los derechos que nosotras tenemos, el de la libre expresión, el de una muerte digna porque hay muchas travestis que no tienen la posibilidad de contar con la familia entonces les toca de pronto una vejez muy dura y una travesti vieja es horrible”.
¿Cuál ha sido para usted la experiencia más dolorosa que le ha tocado vivir?
“Desde que soy travesti, lo más horrible que me ha pasado es la muerte de una amiga que se llamaba Alejandra. Ella tenía como 19 años y se murió por la vanidad. Ella se quería poner más cola de la que ya tenía y como eso es silicona líquida que hay que esperar a que endurezca, se le fue pa’ los pulmones y no logró sobrevivir”.

“Yo soy una niña muy juiciosa –dice Carolina Escobar–: trabajo en Internet en un video chat. Trabaja gente de todo tipo, hombres, mujeres, de todo y lo que hay que hacer es como actuar, o sea, todo es una simulación”.
Así es la vida…
Carolina contribuye con los gastos de su casa y le encanta estar muy linda. “Le encanta estar divinamente bella porque fea no sale a la calle”, dice doña Ángela, su mamá, quien dice que los travesti corren mucho peligro en la calle, sobre todo con hombres que las pretenden y que les cogen “bronca” porque ellas no les prestan atención..
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Pero a los que les suelen corresponder son hombres que no tienen en mente un romance verdadero y largo, personas que al igual que quieren tener una relación con ellas, quieren tener una familia e hijos.
Mientras “Caro”, como terminé llamándole, dice que le encantaría hacerse una lipo y encontrar al príncipe azul ¡así sea Shrek pero que venga!, me pregunto: ¿están destinados los travesti y transgeneristas a ser tratados siempre como un objeto sexual, una imagen y un cuerpo adornado de mujer? ¿A ser víctimas de la vanidad y de su propia belleza?
Cuestión de dignidad
En Colombia hay diferentes proyectos y comunidades comprometidas con el cumplimiento de los derechos y deberes de esta comunidad.
Un ejemplo es el proyecto de Comunidad Colombia que surge ante la necesidad de contar con espacios no institucionalizados de encuentro, comunicación y trabajo de la temática LGBT presentando una estrategia de trabajo virtual que congrega diferentes páginas web o web blogs que se consolidan como alternativa en cada lugar de su ejecución, según información de su blog oficial.
Otra es la Red Colombiana de Personas Trans en la cual se trata de compartir experiencias y crear una red de solidaridad, pluralidad y paz, con el fin de enfrentar los nuevos desafíos y cambios sociales, políticos, culturales y económicos del país.
También hacer valer los derechos como ciudadanos que son y abrir nuevas oportunidades de cultura, educación y empleo digno para todos los miembros de esta comunidad.

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